Glière: Symphony No. 3 in B Minor, Op. 42 “Ilya Muromets”

Un álbum, una sinfonía interesante: remite no solo a la escucha sino a la razón de su denominación.

Desde la óptica puramente pragmática, este tipo de obras ofrece dos elementos que, siendo compatibles con la intención del autor, pueden devenir en unidad para el escucha cotidiano y para quien está en busca de información artístico-histórica como aficionado.

Para quien es nuevo en la escucha de semejante música y, además, no le va mal la información mencionada, ve con buenos ojos el que una obra remita como complemento intuitivo del sonido a uno de carácter inteligible. Es decir, ante el caso, por poner un ejemplo, de Shostakóvich o de Mussorgsky, nos encontramos con elementos históricos motivantes de la obra que proporcionan un plus adicional a quien, de por sí, le agrada la música de tales autores. Pero también podríamos encontrar a quienes buscando notas históricas, teóricas e intelectuales, al conocer intuitivamente el aporte de quien es dado como ejemplo, entonces, puede encontrar un sentido distinto al dato informativo encontrado.

Cabe destacar que la referencialidad dual no solo se circunscribe al tipo de música mencionado, sino que también la encontramos en otros géneros que de por sí están llamados a contenerla de forma expresa como en el Metal, el Indie Pop, Rock, etc., o de forma tácita como en la música electrónica o el Jazz.

Pero surge la pregunta:

¿Acaso existe una pieza musical que no suponga un contexto?

En sentido general, me parece que no. Todas las obras, de cualquier tipo de música, pueden remitir al contexto del cual provienen y al cual se dirigen pero, la diferencia, entre otras, radica en lo expreso o tácito de la intención de transmitirlo.

Música, imágenes y reflexión

He estado descubriendo canales en YouTube relacionados con la música y que, además, tienen la siguiente peculiaridad: contienen una imagen dinámica que simula un lugar real, por lo general una cafetería o el bosque, mezclándose con sonidos del mismo ambiente que evocan.

Hasta se escucha la lluvia de forma tenue.

Algunos tienen la finalidad de promocionar cierta marca o lugar. Más allá de tal objetivo, me parece que el hecho de que muchos de nosotros hemos estado bajo confinamiento debido a la circunstancia sanitaria y laboral, encontramos cierta afinidad con quien muestra en esta red social dicho contenido.

Pero no siempre la música tiene qué ver con la imagen o con la intención de ponerla, ni mucho menos que forzosamente se deba de relacionar con un día específico. Quién así lo da a conocer sabe, con cierta seguridad, la serie de prejuicios que muchos internautas tenemos con relación a estos objetos, algunos de los cuales sí son bastante comunes.

Con los prejuicios mencionados podemos poner música exclusiva para los domingos o viernes, para estudiar en una biblioteca o para pasear por el parque. Con el uso de los audífonos como excluyentes individuales del disfrute musical, los juicios anticipados que menciono solo son los que han venido persistiendo como ideas previamente socializadas e idealizadas como si fueran una jerarquización valorativa necesaria, pero también son cultivados con propósitos comerciales que, siendo lícitos, se ocultan bajo la apariencia de lo deseable en el terreno netamente individual.

Yo mismo he caido en semejante uso: creyéndome que el viernes es un día especial para escuchar Jazz, he cultivado tal hábito cuando, en realidad, sé que esta música la puedo escuchar cuando se me dé mi regalada y soberana gana.

Es obvio que el sentido común y nuestra convivencia con personas cercanas impone la necesidad de escucha a bajo volúmen o, de plano, el uso de audífonos.

Ese sentido común también hace que replanteemos, posiblemente, los prejuicios iniciales. Hay ambientes en los que el Rock o el Metal no son deseables si hablamos de aquellos en los que se requiere tranquilidad para alentar un consumo continuo, por ejemplo.

¿Por qué cuestionar lo que parece sencillo?

¿Acaso no es un desperdicio de tiempo y de capacidad?

Una forma de manipulación consiste, dicho de manera precisa, en hacer pasar una ideología por sencilla y aparentemente cotidiana, de tal manera que el hábito adquirido sea visto como libre en su causa siendo que, en realidad, fue dado desde el exterior con cierta finalidad y no precisamente a través del proceso de socialización que todos asimilamos, creemos, transmitimos o afrontamos conscientemente durante nuestra vida.

Por eso, no constituye un desperdicio de tiempo. Al menos, es lo que creo.

Sería hasta cierto punto contradictorio infravalorar el cuestionamiento de lo cotidiano en lo individual, pero justificar el estudio y la interrogante de quienes quieren normar masivamente el uso de ciertos productos o ideas haciéndolas pasar por decisiones individuales a través de la propaganda, la mercadotecnia, los programas gubernamentales, series de televisión, redes sociales, etc.

Lo cotidiano tiende a disfrazar la paz corrupta sobre todo cuando no existen, si al menos eso creamos, los medios para cuestionar la realidad tal y como nos va.

Es necesario interrogar la realidad en sus diversas facetas, para no favorecer la inercia dañina que se encubre bajo el velo de la comodidad. No es necesario esperar hasta que nos explote porque, cuando suele suceder así, nos damos cuenta de que podíamos haber hecho algo que estaba a nuestro alcance:

Cuestionar.