Lecturas que llegan tarde – Diálogo

En una cafetería…

Escuchando Jazz…

Después de conversar sobre lo nuevo y lo viejo, llegó un tema interesante...

Daniela: ¿Qué traes en esa bolsa, Miguel?

M: Un Libro de Administración de Empresas. ¿Quieres checarlo? Está interesante…

Extendí la mano para que Daniela cogiera el libro, pero, negándose con sus manos y en señal de repudio, dijo:

D: ¿Cómo puedes leer eso? ¿Estamos en una cafetería y te pones a leer cosas de escuela?

M: ¿Y qué tiene de malo eso?

D: ¿No has escuchado que en un lugar como éste se debe de leer un buen libro?

M: Por supuesto, he escuchado semejante frase, ¿me dirás que un libro de Administración no es un buen libro?

D: Por mí, puedes leer lo que te guste, digo, ¿quién soy yo para juzgarte? ¿Verdad?

M: Gracias por tu tolerancia, Daniela.

Bajé la voz como si fuera un susurro y dije:

— Eso lo hubieras demostrado antes…

D: ¿Qué dijiste, Miguel? ¡Repítelo, anda pues!

M: Dices que respetas y que no eres quién para juzgarme, pero, cuando te iba a prestar el libro, digo, lo rechazaste como si se tratara de un alacrán.

D: Ni me hables de animales venenosos. Además, ni siquiera actué así, solo dije que no me lo prestaras.

M: Bueno, si así lo dices… .

Daniela volteaba hacia la zona exterior del lugar, en señal de que ya quería cambiar de tema, así lo hizo.

D: ¿Cómo has visto todo esto de la pandemia, Miguel? ¿No se te hace que ha habido mucha manipulación, muchas “fake news”, como dicen?

M: Sin duda, hay ocasiones en las que no se sabe qué es falso y qué sea verdad, de tanta información que circula por doquier.

D: A parte, mira, no desdeño la idea de que todo esto ha sido planeado.

M: Sinceramente, no lo sé. Algunos le echan la culpa a China, como lo llegó a decir Donald Trump. Otros dicen que fue un accidente. Lo que sé es que esto está siendo aprovechado de buena fe por muchos, de mala fe, por otros.

D: Supongo que ante cualquier acontecimiento hay como una especie de balanza, como la que das a entender. Pero, mira, lo que no entiendo es qué se ganan con vigilarnos todo el tiempo.

M: ¿Cómo que vigilarnos todo el tiempo?

Daniela sacó un par de libros de su bolso que hasta ese entonces me parecía trivial, pero, viéndolo mejor, era un bolso bastante grande. Le pregunté en tono humorístico, casi riéndome:

… y esos tabiques que traes, ¡perdón! Esos libros que traes, ¡qué onda con ellos!

D: Mira, te los muestro.

Daniela extiende su mano con ambos libros y yo, en tono de burla, traté de hacer los mismos gestos que ella hizo cuando le mostré el libro de Administración.

D: ¡No seas sangrón!

Empezó a reír junto conmigo.

M: ¡Ándele, qué se siente!

Después de simular que los estaba viendo con cuidado, viendo el epílogo, le dije a Daniela.

M: Estos libros que traes son unos clásicos. Al parecer, fueron hechos en el contexto de la Guerra Fría. Pero, entonces, ¿para qué me los muestras?, ¿tienen que ver con lo que me planteas sobre la información, la seguridad y todas esas cosas?

D: ¡Ándale! Por eso te los estoy mostrando. Léelos, para que te des cuenta de lo que actualmente sucede, o acaso ¿ya los leíste?

M: La verdad, no. Pero sé de qué tratan.

D: De antemano te digo, Miguel, no puedes juzgar un libro sin antes haberlo leído.

M: Bueno, depende de qué aspecto juzgue de él, ¿no te parece?

D: Cómo vas a juzgar un libro sin antes haberlo leído, es una tontería.

M: ¿Has leído reseñas de libros en las revistas que lees?

D: Sí, he visto reseñas de varios libros, pero, rara vez he comprado alguno fijándome en ellas.

M: Las reseñas de los libros que te llamaron la atención ¿influyeron para que compraras algún libro?

D: Del veintiúnico que he comprado, pues sí.

M: Entonces juzgaste un libro antes de leerlo, basándote en una reseña. Dime lo que quieras, pudiste haber cambiado de parecer a medida que leías tal libro, pero, de que lo juzgaste por la reseña, lo hiciste, así, sin leerlo.

D: Ya ya, Miguel, entiendo tu punto.

M: Si no, entonces, sería insensato preguntar qué te pareció un libro o una película que sea inspirada en uno, ya que no se debería de juzgar antes de leerlo.

D: Bueno, a lo que te iba a decir: En estos libros viene como el Estado, el gobierno, aprovecha una catástrofe para vigilar a su gente, poniendo cámaras por doquier, vigilando a medio mundo quien acepta que se le vigile, aunque se vea afectada su libertad de expresión.

M: Así es, de eso trata el libro.

D: Entonces, ¿ya lo leíste?

M: No, no lo he leído, pero eso fue lo que me contaron de él.

D: Es que necesitas leerlo, para que te enteres.

M: Mira Daniela, no creo necesitar leer estos libros.

D: ¿Acaso no te gusta enterarte de cosas de Política, de Historia, y de todo lo que está pasando actualmente con lo de la pandemia?

M: Precisamente, por eso no voy a leer estos libros que traes.

D: Entonces, confórmate con lo que te dan los medios; al final de cuentas caes en lo que dice este libro: “los ciudadanos creerán en las noticias del régimen…”.

M: Te equivocas, Daniela. Cuando hablo de estar informado, me refiero a las notas o información que es relevante en el presente, que se produce constantemente, al menos de la que esté a nuestra disposición. Me refiero a aquella información que sirve para tomar decisiones políticas, económicas y demás.

D: Es que das por hecho que ya leíste estos libros porque hablas de los temas.

M: Son cosas muy distintas: los libros que traes tratan esos temas, pero no son los únicos libros o, mejor dicho, las únicas fuentes que los tratan.

D: Entonces crees que no es necesario leerlos. Si eso crees, entonces, estás en contra de la cultura.

M: No Daniela, no me entiendes o, mejor dicho, no me he dado a entender.

D: ¡Explícate mejor, entonces!

M: Imagínate, Daniela, que en la Cámara de Diputados estuvieran debatiendo un punto constitucional, en la Comisión de Puntos Constitucionales, en el que trataran un tema relativo a la seguridad pública autorizando en el sistema penal y civil la prueba video-fónica no como indicio sino como prueba directa y sin orden de cateo. Digo, ¡imagínatelo!

D: Eso qué tiene que ver con los libros o con los temas.

M: Espera, sígueme el hilo de esto, … te decía y te pregunto ¿Crees que en la Cámara de Diputados, alguno de ellos va fundar un proyecto de reforma a la Constitución en uno de estos libros, o de cualquier libro de literatura impreso en los años cincuenta u ochenta que tratan de esa temática? ¿Acaso crees que esos libros son preferibles a la literatura que los abogados y los asesores pueden aportar en relación con los Derechos Humanos?, ¿no ves que si la reforma es defectuosa se la pueden tumbar en el Poder Judicial?

D: ¿Acaso crees que los Diputados son incultos?, o sea, ¿supones que no han leído estos libros que te mostré cuando tú mismo has dicho que son unos clásicos?

M: No estoy negando que algunos de los diputados los hayan o no leído, lo que quiero decir es que en ciertas circunstancias como las que te estoy planteando, digo, hay prioridades de lecturas. No estoy diciendo que esté mal leerlos, en sentido general, sino que en este tiempo de pandemia, de seguridad, etc., hay prioridades de lecturas para quienes tienen que tomar cierto tipo de decisiones que pesan mucho más que la percepción de cultura que relacionen sobre ciertos libros. ¿Me estoy dando a entender?

D: Más o menos, o sea, dices que estos libros en este momento no son necesarios para los diputados, entonces, ¿por eso no los has leído tú?

M: Para mí…, te lo digo con todo respeto: son lecturas que llegan tarde.

D: Nunca es tarde para leer buenos libros.

M: Bueno, si la vida alcanza, posiblemente. Digo que estas lecturas llegan tarde, no porque las descarte así sin más, sino porque me preocupa la situación actual y quiero informarme de acuerdo a lo que, en este momento, en el aquí y el ahora, surja en cuanto a la temática. Me conviene más analizar presupuestos, proyectos de ley, noticias políticas y económicas que tengan que ver con la seguridad y el sistema de salud que ver un video de hace 10 años que habla de forma genérica de tales temas, o un libro que en forma de novela los trata. Es decir, me importa la información con la cual se toman decisiones.

D: Ya te estoy entendiendo.

M: Es que mira, si en ese libro que estás sosteniendo habla de todo un sistema gubernamental que trata de poner vigilancia en cada esquina, en cada calle, como si fuera el porvenir, de una vez te digo, eso ya ocurre: con el GPS, el sistema de reconocimiento facial del Face, las huellas digitales que pones en el checador del trabajo, es decir, probablemente la novela te sugiere pensar en cámaras grandes de seguridad, pero, ¿te has puesto a pensar en el sistema de rastreo que activas cuando pides un Uber?

D: No, no había pensado en eso Miguel.

M: Entonces, de qué te sirvió leer una novela que delata lo que pasará en un futuro sobre cuestiones de seguridad. ¿Leíste el contrato de Face cuando te diste de alta?

Daniela se sonroja, anunciando una negativa

D: No Miguel, todavía no lo he leído.

M: ¿Acaso la novela que traes no te hizo consciente del problema de seguridad por el que actualmente estamos pasando? ¿Cómo es que yo esté consciente de semejante problemática sin haber leído dichas novelas?

D: Ahora me estas regañando. Solo te hice una recomendación.

M: Ahora me dices que fue una simple y llana recomendación libresca. Tú, que me acusabas de inculto por no haber leído libros para que me enterara de problemas importantes y tratara de comprender la situación por la que estamos pasando, y ni siquiera has leído el contrato de privacidad del Facebook. Es más, me atrevo a decir que no te has molestado en leer los términos del contrato de Google o del correo que utilizan en tu trabajo. Digo, así ¿cómo sabrás qué hacen con lo que publicas, envías o comentas? ¿No dabas a entender que esos libros que traes te iban a ampliar el panorama de seguridad por el que estamos viviendo?

D: Está bien, está bien. Confieso que tampoco he leído lo que mencionas, o sea, ¡qué flojera!

M: Esas lecturas, no llegan tarde.

D: ¿A cuáles te refieres?

M: A las que tienen que ver con tu situación en las redes. Los contratos de privacidad que te mencioné, digo, por mientras que estás usándolas. Aunque té de hueva leerlas. Es más, si tanto te interesa el tema de la seguridad te invito a que leamos las iniciativas de ley sobre el sistema de seguridad y vamos, poco a poco, enterándonos de la problemática y hasta la podemos comparar con lo que hacen otros países. Por ejemplo, hay una reforma que se planteó sobre el uso de la huella digital y el reconocimiento de voz, podríamos ver qué hacer para cuando entren en vigor tales disposiciones.

D: No Miguel, a esas cosas no le entro, es un lenguaje bastante técnico, no para una diseñadora gráfica que está bastante ocupada.

M: Entonces, no vas a ir con el procurador a recomendarle esos libros ¿verdad? digo, para que se entere a través de esas novelas sobre cuestiones de seguridad.

D: Supongo que, si las leyó, ha de haber sido cuando era jóven.

M: Así es. Ahora esas lecturas llegarían tarde, digo, ni para qué agendarlas.

D: Supongo que sí, o sea, solo supongo ¿eh?