Carta De Madrid – Entre las objeciones posibles y las posibles objeciones.

Primero pongo el vínculo al documento publicado por la Fundación Disenso y que ha causado tanto revuelo:

https://fundaciondisenso.org/wp-content/uploads/2021/07/FD-Carta-Madrid-AAFF-V28-1.pdf

Ahora voy a precisar el alcance de mis observaciones, atendiendo a los criterios de literalidad del documento en cada una de sus partes y el de asociación con elementos externos de diversa índole ya sea política, filosófica o meramente lógica.

También debo aclarar lo que entiendo por objeciones posibles y posibles objeciones. Las primeras son razonamientos que pueden resultar mediana o altamente convincentes para argumentar en contra de algunos puntos de la Carta de Madrid, tratándose de objeciones que pueden ser usadas en realidad; en cambio, las posibles objeciones son solo argumentos que ni siquiera tienen, por sí mismos, la potencia de ser auténticas, y si lo son no es tanto por su fuerza argumentativa sino por el contexto y el poder personal que se tenga para usarlas.

Sin más preámbulos, empiezo por el título:

Indica que se tratará de un documento que expondrá puntos para defender la libertad y la democracia. Aunque sabemos que el concepto de democracia es complejo, ya implica en la actualidad el de libertad. Esta es una posible objeción, pero no minusvalora el título por sí, más bien se lee la libertad como si fuese una ratificación, por eso se enuncia de manera independiente. Otra posible objeción hubiera sido el término “Iberosfera”, pero darle importancia a lo que podemos investigar directamente no debe de comprometer el fondo del documento.

La posible objeción a este párrafo sea la cantidad de personas, cuestión trivial si se exige la exactitud, lo mismo sería si queremos forzosamente distinguir tanto la herencia cultural como el potencial mencionado volviendo a la exigencia de la concreción hasta retrotraer el supuesto análisis a la Conquista, cosa que se ve mucho en redes sociales virtuales en las que se manifiestan caracteres del conquistador y del conquistado.

La objeción posible caería en lo que está resaltado: ¿Para qué una comunidad de naciones libres y soberanas requiere una declaración en defensa de la libertad y la democracia?, ¿acaso ya existe debilidad institucional tanto dentro de las fronteras como entre soberanías que amenace la libertad y la democracia mencionadas?, ¿es necesaria una alianza ideológica que ponga en el centro la defensa de una forma de vida y de un valor que se supone teóricamente alcanzada y axiológicamente perseguida como fin de mediano y largo plazos?

Trastórnese en una posible objeción la pregunta por la calidad de la legitimidad de quien advierte, desde afuera, tales ideas, se cometería la falacia de asociación si se pretende atacar el contenido de un documento a través del ataque a quien lo promueve, no obstante, confieso que es una medida bastante usual en el ámbito político tanto que, sin discutir mediáticamente el asunto, ya se supuso complicidad más allá del texto entre quienes fueron sus signatarios y, debo admitirlo, ha dado resultados.

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El Covid 19 como medio de justificación del Estado

Antes de que hiciera su aparición la pandemia del SARS-Cov-2, en algunos círculos de crítica política, filosófica e histórica estaba resonando fuertemente el concepto de ciudadanía o ciudadanización mundial en el marco de la multiculturalidad como requisito de una democracia contemporánea extraterritorial. En este sentido los límites fronterizos estaban siendo fuertemente cuestionados como parte importante de la estructura clásica del Estado.

La coyuntura previa a la entrada en el espacio público político de Donald Trump favorecía la reflexión preferente al apoyo de la eliminación de las fronteras entre los Estados en términos no solo de comercio y tráfico de personas sino también, tomando como comparación la Zona Euro, a través de instituciones comunes y problemáticas cuya resolución sería afín. Esto a pesar de que se observaban las aparentes desventajas que varios problemas, como el caso del Brexit o la deuda griega, planteaban en sentido amenazante a la par con el creciente nacionalismo por lo pronto europeo, que hacía pensar a algunos sectores como si la Unión entrara en franca decadencia. Ahora, con la llegada del personaje mencionado a la Casa Blanca de los Estados Unidos, aquel nacionalismo que mostraba su aparente evidencia ante la situación en Reino Unido cuya visión se distinguía como problemática europea, se muestra en América con una cara nueva y prometedora para varios de los sectores que constituyeron francos votantes y seguidores del proyecto. De esta forma el ideal del ciudadano mundial, la multiculturalidad y el sentido identitario progresista impulsado por la izquierda mostrada por los demócratas estadounidenses, brilla en la discusión a la par que la posición contraria, pero cediendo en el terreno fáctico gracias a la toma del poder de quien había prometido cuestiones que desafiaban las inercias intelectuales de entonces.

Pero en la escuela seguían en las mismas…

La ideologización en el ambiente escolar a través de las materias relacionadas con las Ciencias Sociales estuvo a la orden de dicho momento. Conceptos como “ciudadano del mundo”, “multiculturalidad”, “nuevas identidades”, etc., pasaron a constituir la nueva jerga pseudopolítica y pseudocientífica. En efecto, es mentalmente repugnante recibir en el aula o, menos peor, en los medios de comunicación masivos expresiones carentes de sentido como el ya mencionado “ciudadanía mundial” como si ambos términos fueran compatibles entre sí, así sin explicación alguna.

Las primeras señales, antes de que siquiera pensáramos en que un empresario asumiera el poder en el Ejecutivo de los Estados Unidos.

El primer aviso de retroceso para la ideología que he someramente reseñado fue el ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono. La visión unilateral de Estados Unidos como víctima y victimario de un mundo post Guerra Fría, frente a una creciente multipolaridad representada en diversas facetas por China, Rusia, Alemania, etc., debió de ser una fuerte llamada de atención para cuestionar el multiculturalismo, la agenda ecológica global, la agenda de género, etc., pero, no obstante, la miopía se extendió al cuestionamiento de las fronteras del Estado como uno de los principales elementos en los que se ejerce la soberanía. Tal parece que la realidad internacional no forzó a los ideólogos tanto de la comunicación masiva como de la escolar quienes siguieron tomando una actitud “buenista” e ingenua simulando pasar las diferencias culturales entre los nacionales y los extranjeros, entre los ciudadanos que pagan impuestos y quienes reciben beneficios de paso y que no aportan a la construcción de un Estado de Derecho Positivo.

Al llegar al poder…

La siguiente llamada de atención provino de tres fuentes: Donald Trump, en Estados Unidos a la par con Vladimir Putin en Rusia y Xi Jinping en China. Hay que destacar el “foco de atención” del primero debido a las fuertes expectativas que había generado a su favor Hilary Clinton en la campaña, lo que se tradujo en un descrédito por las encuestas nacionales y por quienes se decían interpretarlas en los medios.

Las acciones soberanas, gusten o no, se extienden sobre un determinado territorio sin menoscabo por las negociaciones entre países y, a su vez, entre éstos con los organismos no-gubernamentales y distintas corporaciones de interés netamente privado, lo cual se lleva a cabo en términos de colaboración y de coordinación sin pensar en los viejos esquemas de dominio-sumisión que, probablemente, fueron impuestos desde la comprensión de la Guerra Fría.

La falta de cuestionamiento para con el Medio Oriente y del contexto de intervención europea y estadounidense de las fronteras cercanas al territorio de Israel, en comparación con el manejo temático que cubre lo actuado por Trump en los linderos con México atribuible a objetivos personalísimos de los medios alimentando su discordia con él para favorecer el “rating”, hizo que fuera difícil analizar la viabilidad teórica de la ciudadanización mecánica de los futuros habitantes y, por lo pronto, miembros pasivos de toda una suerte de ideologías de carácter progresista postmoderno que no dan ni un poco de espacio al cuestionamiento franco, solo a través de seudónimos y héroes que surgen como respuesta ante la insostenible ideologización. En las discusiones someras el sentido de legalidad que deben de cumplir los extranjeros salía sobrando si de empatía para con éstos se tratare.

La tercera llamada de atención llega en un contexto muy peculiar que casi se sale de las manos a la interpretación, si no fuera porque el fenómeno que representa Trump tuvo tal poder mediático que pasó desde el “estar loco” hasta la más seria preocupación por la reelección que hacía pensar en el replanteamiento de objetivos a mediano y largo plazos de la oposición demócrata si el resultado electoral no les favoreciera. Este acontecimiento radicalizado en su cobertura logró detener el avance de la ideología que pretende cuestionar las fronteras replanteando la democracia no ya como un sistema de gobierno sino como un desdibujado sentido de pertenencia al mundo, además de ser una especie de tolerancia masiva e identitaria como aceptación indiferente disfrazada de no-discriminación y también constituir una presión mediática en pro del relajamiento del Estado de Derecho en las fronteras y frente a las minorías.

Pese a la salida de Donald Trump como factor de cuestionamiento de la ciudadanización del mundo que pretende quitar las “barreras” fronterizas, la llegada de la pandemia SARS-Cov-2 volvió a replantear, ahora de forma seria pero aún inadvertida en los primeros círculos de intermediación educativa, el carácter de necesidad del control de las fronteras como un elemento esencial de la expresión de la capacidad de gobierno y de la aplicación del Estado de Derecho más allá de la visión simplista del muro fronterizo, de la repatriación, hacinamiento, salas de espera, etc.

Lo que nos mostró la pandemia del SARS-Cov-2

Así es, el fenómeno de la pandemia refleja una continuidad análoga al distanciamiento de la actitud ideológica de aceptación multicultural del otro. Las reglas del juego, al parecer, han cambiado. Las fronteras ya no son solo un asunto de seguridad nacional de referencia militar o policíaca como fue la óptica a partir del 2001 sino que ahora, además, serán un asunto de seguridad nacional pública y sanitaria que, como sugirió otrora el mismo Trump al echarle la culpa a China, no se descarta lo militar como origen, acompañamiento y destino del factor de interés sanitario que, hasta en tanto éste esté controlado, será el antecedente definitivo de la condicionalidad de las negociaciones entre otros países y de la flexibilidad con los demás organismos, es decir, aunque en el fondo y regularmente países como Estados Unidos, China, Rusia, etc., utilizan el mecanismo militar para proteger sus intereses económicos de gran calado, pensando lo virtual incluido en él, el aspecto sanitario se ha constituido como la principal causa de motivación de la estrategia militar como ancla de la expresión de la territorialidad y de la extraterritorialidad con el pretexto de la protección de los intereses legítimos de las naciones que tienen el poder de aplicar este tipo de medidas.

El “estira y afloja” con la Organización Mundial de la Salud muestra que los países mencionados no están dispuestos a ceder a la presión internacional en su manifestación de piedad para con los demás como medida para generar la distribución de medicamentos o de vacunas. No, tales naciones han establecido sus prioridades sanitarias y económicas en función de sus propios intereses lo cual refuerza, en última instancia, el planteamiento de las fronteras dentro de la visión clásica del Estado cobrando una vigencia renovada que, como en el caso de Estados Unidos y a pesar del cambio de gobierno, se deja libre juego a la iniciativa privada por coordinación casi paralela con el gobierno, pero es este último quien pone el límite de la piedad internacional subordinándola al interés político interno de cubrir a su propia población. Es una muestra clara del ejercicio de la soberanía.

A pesar de eso, los conceptos que se han criticado por ser ausentes en una realidad que confirma sus contrarios siguen, no obstante, presentes en ámbitos académicos progresistas que intentan, a como dé lugar, imponer una visión unilateral de lo políticamente correcto planteando el multiculturalismo a ultranza y sin un análisis de la conveniencia real en el ámbito político-jurídico de la flexibilización de las fronteras o, como algunos sostienen, de su franca desaparición. Parece que los conceptos se dividen en dos, de acuerdo con quienes sean sus destinatarios: por una parte, los perdedores que se hacen las víctimas de la discriminación y, por la otra, quienes tienen en sus manos la responsabilidad de ordenar el comportamiento ajeno a través de actos concretos de autoridad.

El Estado seguirá en su perenne concepción.

No cabe duda, la existencia del Estado con sus elementos modernos como el del gobierno en cuanto a la división de poderes, sistema electoral libre, juridicidad, ejercicio de soberanía – autonomía institucionales y territoriales, etc., está plenamente justificado.

El Estado ha servido de enlace para la coordinación de estrategias para sobrellevar, con o sin éxito, el tratamiento de la pandemia que hoy día nos azota tanto en el obvio aspecto sanitario como en el económico. Ninguna otra organización no-gubernamental, asociación civil u otro tipo de corporación, persona física o moral se ha sabido autocontrolar, organizar, administrar o, de plano y en sentido franco, ser supletoria del ámbito público político y jurídico de actuación del Estado destacando, claro está, la faceta de ordenamiento territorial como el que se ha comentado.

Todavía en el transcurso, como seguramente en el final, del tratamiento de la contingencia económico-sanitaria derivada del SARS-Cov-2 se puede asegurar que el Estado, en cuanto al ejercicio del gobierno y pese a los errores que solo éste puede cometer debido al planteamiento de los fines que solo él puede alcanzar, ha demostrado su plena justificación incluso más allá de lo hasta ahora planteado.

El individuo que no es capaz de trascender su querer y bienestar es salvado por el ciudadano, por aquel que no piensa solamente en su propia circunstancia personal.

En efecto, la sobrada incapacidad de obedecer a razones científicas de sobrevivencia humana que muestra una gran parte de personas, individual y colectivamente consideradas, hasta en tanto no haya un mecanismo jurídico coercitivo que las obligue a, por ejemplo, ponerse la mascarilla, evitar o cancelar reuniones masivas, guardar sana distancia, etc., abona a la justificación de la presencia del gobierno hasta en el sentido personal, es decir, en la asunción de cualidades, ya observadas por los liberales de la Ilustración, para constituirse como persona física que represente los fines políticos en defensa de la comunidad porque, por lo pronto, es obvio que muchos que viven en ésta no tienen la capacidad de “salvarse a sí mismos” haciendo uso de su sentido común, sino que son otros en su representación y encargándose de sus problemas como de esta forma logran sobrevivir.  

El papel del individuo en el plano del ejercicio del poder supone una aptitud que no se encuentra a simple vista derivada de una pura expresión del querer, sino que refiere una trayectoria y preparación, en sentido general y pese a las excepciones, para detectar y resolver situaciones que afectan a un conglomerado más allá tanto de la satisfacción de las necesidades propias como de la expresión espontánea de la compasión o empatía dada en el ámbito meramente privado, ya que en el público hay principios, como el de solidaridad y el de subsidiariedad, que son referentes de la actuación del sistema político general y que no son reductibles a objetivos personales sino a metas institucionales, lo cual no es tan conocido o dominado por quienes solo tienen como referencia la solución cotidiana de su problemática netamente individual o, a lo sumo, familiar o empresarial.

Así que, otra enseñanza que nos ha reportado la pandemia es la ratificación de la necesidad de la presencia del Estado para resolver problemas en coordinación con otras personas físicas o morales cuyas soluciones aisladas son prácticamente imposibles si se piensa en que la unidad de intenciones individuales ha sido, hasta ahora, imposible sustituta del gobierno. Por consiguiente, la vigencia de la función institucional pública y política de las fronteras se pone en evidencia al atender las diversas necesidades que reclama el momento presente. El control de la migración de personas físicas que desafía la sensiblería mediática permitirá, junto con otros recursos, no dar por hecho y seguir con el cuestionamiento de la introducción externa de ideas que trastocan el concepto de democracia, derechos humanos, identidad, etc., que pasan por acoplarse a fines que extralimitan la interpretación político-jurídica queriendo modificar la extensión y comprensión de los conceptos a través de fuentes de dudosa procedencia metodológica y científica.

Que quede claro, el uso temático de la migración de personas no se debe de entender de forma simplona, como aquellas notas periodísticas que reportan la detención en la frontera física terrestre de niños migrantes procedentes de México, sino como un complejo que supone sí este tipo de migración, pero también la de origen turístico, educativo, empresarial, etc., y, sobre todo, el contenido ideológico que se dice representar los intereses de quienes son vistos adrede como “desprotegidos” y los considera como un medio más de ideologización cultural.

Por eso, la intención de este escrito es la de dar a conocer la inquietud por tal fenómeno ideológico que se muestra aprovechando tanto las coyunturas de control de migración como la contingencia sanitaria, entre otras. Para hacer ver que la capacidad soberana del Estado, en cuanto a su autonomía para resolver estos y otros problemas apelando a las condiciones intelectuales propias y contextuales institucionales que reclaman una interpretación a la luz de los principios lógico-políticos, se puede considerar en plena vigencia, esto en contra de la visión todavía teórica de ver en la organización jurídico-política básica de una nación un ente temporal o, por lo menos, indiscriminadamente abierto al flujo intercultural, progresista e identitario individual que, por lo pronto, ha caracterizado a una facción de los partidos de izquierda o ultra liberales.

Si pasamos por obvios estos temas, como ya dados por medio de una especie de inteligencia superior que, más allá de la Lógica, dícese representar a otras conciencias, entonces, estaremos minando la posibilidad del cuestionamiento en un marco de libertades hasta que, de plano, se cierren la mayoría de las facetas criticables de la realidad que nos ha tocado vivir y perdamos lo que hemos ganado por haberla simplemente supuesto.

Gracias por leer.