Pérdida de la ignominia – segunda parte

¿Qué tiene que ver el cine en todo esto?

Pues bien, en la cultura popular no dejan de presentarse películas que tratan sobre temas policiacos en general, tanto de los que van a los netamente ficticios pasando por los de inspiración en hechos reales, hasta aquellos que son tomados de fuentes directas, caso en el cual algunos los llaman más propiamente “documentales” por ser el material que presentan de tipo testimonial.

Cada uno de los tipos de “muestras” de cine que brevemente he mencionado sin ser, claro está, especialista en este tema en cuanto a su producción, influye en la percepción de los hechos que he estado explicando a lo largo de esta exposición.

1) Las películas que tratan contenidos policiacos de origen ficticio pueden impresionar en el espectador desde dos ópticas. La primera al consistir en una relación aparentemente lineal y unidireccional entre el contenido, sin olvidar los que lo hicieron, y el destinatario. Este logra el efecto deseado por aquellos que invirtieron dinero, tiempo y esfuerzo en la presentación de tal contenido. Uno de los factores de dicho resultado es la idea de posibilidad que tiene al espectador como expectante en la película, es decir, tal idea sugiere que en la realidad es factible la aplicación de parte del contenido que está aprehendiendo de la película, lo cual es un elemento que asegura su consumo final. Digo que es solo parte del contenido policiaco lo que hace pensar en la posibilidad, si se quiere remota, porque si fuera entera posibilidad, entonces, no sería una película ficticia sino otro tipo de producción real y total, un documental o una producción en tiempo con el espectador, como dicen “en tiempo real”.

Otro elemento que extraigo de la permanencia de un espectador en la visión de la película es el fenómeno de la esperanza que se vende al final de su consumo. Tal elemento se conjuga con la posibilidad parcial de la realidad anterior para producir una noción de futuro amigable porque es capaz de reconciliar la razón de la posibilidad como maldad con la emoción de la esperanza que aparenta ser razonable dentro de tal posibilidad. Si la película no terminara más que en decepción, en desunión, en injusticia, su consumo se vería disminuido por no prometer el entretenimiento dramático que se espera en la producción policiaca donde, cabe decir, en realidad ya sabemos qué vamos a consumir, pero, a pesar de eso, vemos tal producción porque nos va a “emocionar” con un contenido que aparentemente es nuevo y aunque los héroes saldrán ganando con la misma historia trillada pero prometedora de que el futuro, si bien no es tan agradable a la vista, no será tan peor.

Este tipo de películas, si solamente consideráramos el lado de su consumo individual, provocan cierta pasividad en el espectador que no es preocupante para una ciudadanización planeada desde el plano estatal. Las noticias policiacas requieren de una toma de conciencia social-nacional donde la ilusión de esperanza por analogía de un espectador individual no es absolutamente importante como para detenerse en su análisis.

En cambio, cuando hablamos de masificación del consumo de películas cuyo tema es el policiaco como lo es, reiterando: la seguridad física, psicológica, jurídica, etc., es necesario agregar aquellas producciones que ponen el índice en contenidos extraterritoriales como el espionaje y que, en la mayoría de las ocasiones pasan desapercibidos, como noticias reales, por quienes estamos sujetos a una cotidianeidad meramente citadina. La masificación de las películas que recalcan estos contenidos resulta un fenómeno distinto del consumo individual donde sus variables pueden ser múltiples en cuanto a su análisis, por lo que solo me centraré en uno de ellos, o sea, en la analogía.

Si la analogía que muestra la película consiste en la asimilación de una parte de la realidad policiaca junto con un componente de esperanza, entonces, es posible que la percepción de tal realidad cambie al imponerse la rutina de ver, aunque sea solo por el pretexto de “entretenerse”, una película tras otra como género comprendido en la serie de gustos que justifica su consumo, lo cual se da cuando tal asimilación es producida por la presión grupal no solo para ver y “disfrutar” de tal o cual contenido sino porque, además, la influencia va más allá al tratarse de la presión por justificar contenidos policiacos no solo presentes sino los que vendrán. Está rutina de asimilación de la esperanza combinada con una serie de contenidos policiacos trágicos en los personajes es manejada con cierta naturalidad no solo por lo que aquí estoy comentado sino porque, a través de un futuro discernimiento básico, el espectador cree estar consciente de que el contenido que consume no es real, es decir, es solo una película. Esta dualidad no aparece sino después de un proceso, si se quiere básico, de racionalización sobre el propio proceder, como se puede observar por quien escribe estas líneas.

Es probable que la rutina de consumo de este tipo de contenidos que juegan con la posibilidad real de las noticias policiacas, disfrazadas de buena imaginación, pueda provocar que la aparente dualidad mencionada se extrapole a contenidos de carácter documental o, mínimo, a películas “inspiradas” en casos reales. De esta forma, la ignominia empieza a menguar por la rutina empleada en la interpretación de contenidos visuales organizados con la etiqueta “película” a través de un proceso de socialización del espectador ante un grupo, primero, de personas que realizan el contenido y ante, después, un conjunto de quienes forman una referencia positiva o negativa grupal que le permite acceder a dichos contenidos a través de un lenguaje y maneras específicas de imponerse a los mismos.

El lenguaje al que el espectador tiene que someterse para ver desde antes, durante y después la película tiene un carácter aleccionador unilateral en el proceso, pero aparenta ser libre en la decisión final de consumirla o no. Este tipo de producto “cultural” pide una forma de ser pensado antes de ser visto, una forma de ser visto antes de estar terminado, una forma de haberlo visto para que, a la postre, pueda ser narrado a quien potencialmente será un espectador. Una muestra de esta sumisión aparentemente voluntaria es cuando una persona le comenta a otra que fue a ver tal o cual película y, al recomendarla, acude a un patrón dizque moral para no contar el final de ella, situación en la que ambos creen que sería deshonesto hablar del final de una película que saben, de antemano, que no es real, sino que aparente serlo.

2) En relación con las películas “inspiradas” en hechos reales o, como lo he venido exponiendo, que tratan sobre temas policiacos, además de los elementos que aparecen en las ficticias, podemos encontrar otra peculiaridad: Es notable que los acontecimientos que son electos objeto-motivo para su realización son concebidos como hechos históricos o altamente probables, donde ambas variantes son supuestas bajo un criterio de interpretación moralizante.

En el caso de los hechos pretéritos es de suponerse que existen dos polos por los cuales se desenvolvió su devenir, explicación satisfactoria para un posible consumidor de cine que no se pregunta por la gradación entre el negro y el blanco con el pretexto de que va a “distraerse”, en donde se le trata de convencer que el “ganador” tiene un discurso justificante que predomina sobre el del “perdedor” en la historia real, mismo supuesto es del que parten quienes llevan dicha historia a la “pantalla grande”. Al cumplirse tales presupuestos, entonces, la película no solo promete algo de información para quien quiere saber un poco más de la vida misma en un elemento cultural inspirada en ella, sino que va por un contenido conocido de antemano no solo por la noticia pretérita solamente sino por el consuelo moral que se va a reforzar con la noción del dato a partir de la versión de quien ha ganado el derecho de interpretar el suceso imponiéndose a través no solo de la escuela, como el gobierno y sus entidades según lo vimos anteriormente, sino a través de un lenguaje cultural que crea hasta la categoría de “cinéfilo”.

Sobre el mismo tenor es difícil concebir una película que dé cuenta de noticias policiacas pretéritas que vaya contra la corriente justificadora del “ganador” en la contienda, a menos de que éste tenga un fin político de redención ante el consumidor cultural. Sin esta salvedad se torna imposible producir sin tener, por lo menos, la mínima anuencia de quien, si está todavía vivo, le permita hablar de él, sobre todo cuando se tratara de un agente cuya importancia sea políticamente relevante.

Los espectadores acuden, reitero, tanto por el dato cultural que aparentemente los justifica para no sentir culpa por el consumo, a pesar de que las películas se anuncian casi de igual manera que las ficticias, pero saben que, al final de cuentas, la actitud de esperanza, ahora de justificación y hasta de posible incertidumbre, ya son resueltas por aceptar el discurso moralizante del contenido. ¿Acaso cree usted que vaya a haber una película de la Segunda Guerra Mundial que pretenda dar cuenta de un proceso de racionalización del Eje como posibilidad alterna al discurso de los Aliados? Aquí es donde debemos no solo de pensar en posibles límites a la libertad de expresión sino, además, a la libertad de consumo de bienes culturales, no tanto por una posible justificación de actos bárbaros sino porque la racionalización derivada de un gusto de consumo, o cinéfilo, podría degenerar no solo en la disminución de la ignominia del hecho policiaco sino, aún peor, en la indiferencia entre el bien y el mal, la justicia y la injusticia. No faltará la humanización de actos francamente reprobables poniendo como pretexto la defensa de la libertad de expresión lo cual, dicho sea de paso, ya está sucediendo con parte de la narco-cultura en las llamadas novelas o series de televisión. Falta un paso para que los neonazis hagan con su propio presupuesto una película en la cual pretendan una adaptación de los ideales hitlerianos con el pretexto no solo de la libertad mencionada sino de causas económico-políticas actuales como la migración y “suelten” los videos mediante técnicas de masificación virtual.

3) En relación con los documentales, podemos apreciar diferencias significativas en la forma en la que se presentan al consumidor, aquí los considero como auténticos testimonios de quienes originalmente tienen que ver con la producción fáctica de las noticias policiacas pretéritas, o bien, ofrecen contenidos basándose en los aportes de investigadores, aunque no sean testigos directos de los acontecimientos.

Este tipo de presentación de contenidos constituyentes como noticias policiacas pretéritas tiene la ventaja de que son ofrecidos por sus productores sin acudir a las clásicas tácticas de venta o distribución como las películas ficticias o inspiradas en historia reales. La información se ofrece casi tal cual, a menos de que existan personas que las utilicen como trampolín mediático para satisfacer objetivos políticos, como es el caso de documentales sobre el cambio climático, casos en los que el nivel de publicidad y de aparente interés es similar a los contenidos de fines preponderantemente comerciales.

Los documentales sirven para aumentar la concienciación de los estudiantes por sí y en referencia grupal, pero, también, son un instrumento para seguir legitimando un discurso de justificación para quien haya “ganado” en un suceso pretérito.

El documental está como dice el refrán “entre la espada y la pared”, por un lado, es posible que sea utilizado por quienes hacen Historia, referidos antes, y, por la otra, es que se presentan en un medio en el que usualmente se proyectan contenidos triviales o inspirados, manejados como artículos de consumo. Esta es la prueba de fuego del documental: no ser tratado como una simple película de acción, como nota policiaca que jamás será noticia. Para el espectador el reto le va más a su propio manejo de su subjetividad, es decir, tiene que hacerse responsable del manejo de la información a pesar de una posible desidia de quienes se la presentan.

El espectador debe de conservar independencia en cuanto a la marea de popularidad que rodea a los temas policiacos para no dejarse llevar por una interpretación simplista que ahogue la incertidumbre característica de la ignominia. También debe ser independencia ante el discurso aleccionador de quien le esté presentando el contenido mismo, ya sea quienes lo hicieron directamente o quienes se lo están presentando como un recurso válido de interpretación del dato, como es el caso de los docentes de la materia de Historia.

El documental tiene que se visto como un recurso a través del cual la ignominia se haga en un primer momento visible, aunque, irremediablemente, el documental-testimonial sea incorporado a la rutina del docente, a la forma de vivir del discente o a la manera de consumir de un espectador que ya está acostumbrado a verlo en cada “muestra internacional de cine”.

En la función doble de intermediación, el documental responde a necesidades académicas concretas que exigen explicación posterior y mayor ahondamiento esencial, sin perderse en detalles banales o explicaciones simplistas que bien podrían originar, como en el caso de Hitler, un culto velado a la personalidad. También, decía, responde el documental a la intermediación productora o resultante de quienes se dedican a cultiva el cine como forma de expresión y que, no por ello, está exenta de crítica externa, aún y cuando su propio círculo lo justifique o lo premie por ello.

Ante lo anterior, pregunto ¿cuál es el meollo de todo este asunto?

Mis observaciones las dirigí básicamente a dos fuentes de referencia de las noticias policiacas: a quienes hacen la Historia y a quienes hacen el cine, sobre todo de tipo documental, recayendo la principal responsabilidad en la interpretación en los destinatarios de sendas actividades y sin dejar fuera de lugar lo comentado a propósito de los medios de comunicación.

Las noticias policiacas presentes deben de indignar cuando están relacionadas directamente con el ejercicio normal de tomar conciencia de sí y del mundo, en condiciones aceptables de diligencia. En cambio, las noticias policiacas pretéritas que son tanto objeto de la Historia como de quienes hacen el cine, también deben de indignar a través de un esfuerzo de concienciación individual y grupal sino de un ejercicio efectivo de la memoria y del recuerdo tanto propio como ajeno, tanto de vivos como de quienes nos precedieron. La ignominia no debe perderse por culpa la mecanización en el estudio de la Historia o por la de la presión social de consumo de las películas ficticias o inspiradas en una historia real.

La ignominia ante los hechos que constituyen noticias policiacas pretéritas se convierte en una ignominia potencial ante el estudio de la Historia. No debe de ser permitido un falso lujo de pasar por alto la noticia para convertirla en un simple dato sujeto a memorización. La Historia como totalidad no se limita a una visión voluntarista de su contenido o a una de tipo maniqueo de “ganadores” o “perdedores” en los acontecimientos, mucho menos limitarse a ser simples datos pretéritos de nombres, fechas y lugares. Al contrario, la Historia como totalidad debe de llamar a la indignación, a la ofensa, a la ignominia como tal, con toda la incertidumbre que conlleva el intento no de control de un proceso de racionalización que la calme sino de un poseerse o enseñorearse de sí mismo junto con la dinamicidad de la esencia vital, es decir, asumirse como alguien que es ya siendo y sido en el presente expectante, como temporalidad y espacialidad que está al tanto de, en la interpretación de Heidegger, la última posibilidad de la imposibilidad, o sea, ante la muerte.

La ignominia basada en la interpretación de un horizonte de significatividad del presente-futuro a través de la noticia policiaca pretérita de cada hecho que constituye y caracteriza a la Historia como totalidad de posibilidad de ignominia, tiende a disminuir por la presión rutinaria de quien pretende transmitirla o instruirla a través de las formas propias de la manifestación artística. Por ello debemos de estar en guardia constante ante los intentos de imposición unilateral de un horizonte de significación y de supuesta re-interpretación de los contenidos noticiosos pretéritos, aunque es normal “de hecho” que el Uno siga un curso inercial, pero, si se quiere, también lo es además que “de derecho” existan personas que reclamen para sí su propia cosmovisión y manejo, nunca acabado, de la incertidumbre que el hecho pretérito conlleva en su ignominia posible de ser aplicado en la posteridad.

Si disminuye la ignominia, entonces, debemos de buscar el camino para mantenerla a través de la transparencia del contenido noticioso, a través de la captura del mal tal cual es, sin artificios, sin maquillaje que lo encubra bajo la falsa esperanza, bajo un futuro controlable que refleja, en realidad, el miedo a no descubrirse a sí mismo como alguien indeseable por alcahuete, o como quien vive en su pequeña burbuja de zona de confort para no sentir que la vida lo golpea. El buenismo o la pusilanimidad que torna en esperanza lo que debe de provocar, en realidad, sufrimiento debe de ser desterrado del estudio de la Historia y de la utilización del dato de quien lo usa para inspirarse en la formación de una concepción proyectiva del séptimo arte bajo una fachada de aparente conquista de un futuro “prometedor” ensuciando el contenido con la fantasía de alguien que lucha más por su vigencia para verse a sí en una posible cúspide creada en su mente egoísta.

Usted puede ver la película El Pianista y pensar: “¡Vaya! Qué buena película”, inspirada en hechos reales de la Segunda Guerra Mundial, o bien, usted puede leer un libro o un testimonio de un soldado al servicio de las S. S. que, estando en sus cinco sentidos, ante la pregunta expresa dice: “… lo volvería a hacer”.

Si usted acepta el discurso de quien hizo la película y después de verla en la comodidad de su casa o del cine, cambia de tema de conversación con “naturalidad” de una vez le digo que lo felicito, si a pesar de haber llegado a leer este documento, no siente algo de incertidumbre por lo visto y por lo leído, entonces ha sido inmune, de lo cual puede hasta presumir, pero a mí no me vende la idea de humanidad más que como una simple fachada.

Pero, si Ud., es alguien que después de haber visto esa u otras películas y de ver tal o cual testimonio real, nota la incomodidad, la incertidumbre franca, la posibilidad que se allana para conformar una vivencia tal que no quiere repetir, pero que se es incapaz de dejar por completo, salvo por su propia cotidianeidad que le reclama atención inmediata, entonces, ahora sabe a qué me refiero. Ha llegado hasta aquí, en estas breves líneas y ha encontrado al alguien que también se preocupa por la posibilidad de la imposibilidad que surge de un pasado y que espera que otros tomen conciencia de él como si fuese una noticia policiaca actual. Creemos que existe la posibilidad de que la ignominia del pasado se repita, es doblemente humillante cargar con la conciencia de un peso histórico que otros quieren banalizar a través del cine o de la enseñanza de la Historia. Ni usted ni yo queremos morir bajo semejante humillación, y no nos consolamos con haber pensado en simplemente poner “nuestro granito de arena”. La incertidumbre no se puede dominar, esa es su naturaleza. La ignominia pasada no puede desaparecer, ya está escrita, grabada, comunicada.

Ante esto pregunto:

¿Quiénes somos?

¿Acaso somos más humanos por preocuparnos de semejantes asuntos?

¿Qué son los demás cuando ven libros o películas cuyos contenidos no los alteran, no los inmutan?

Después de lo que hemos pasado, como humanidad:
¿Qué estaríamos dispuestos a perder sobre lo ya ganado?

De una vez digo: yo no estoy dispuesto a perder nada.

Nada.

Pérdida de la ignominia -primera parte

A través de las noticias es posible percatarse de una variedad de situaciones que dan cuenta de lo que acontece en los terrenos político, económico, policiaco tanto interestatal como interno. No solo nos damos cuenta de estos hechos en tiempo cuasi real en los medios sino también a través de revistas cuya periodicidad no es diaria.

Me centraré en ciertos hechos relacionados con la seguridad personal y comunitaria, los de carácter policiaco-delincuencial. Estos son de dos tipos, de acuerdo con un criterio preliminar de orden cronológico: los conocemos cotidianamente a través de los medios de comunicación, por tanto, su noticia es diaria o semanal, o bien, los percibimos a través de otros medios cuya periodicidad es bastante mayor, refiriéndome a las publicaciones trimestrales, anuales e, incluso, a través del cine.

Sé que estamos viviendo en un mundo en el que la noticia es rápida. Tan pronto como navegamos por el Internet nos encontramos con notas de lo que inmediatamente acaba de ocurrir. Lo que no sé es si estamos preparados para asimilarlas, es decir, son como los anuncios de Tv: de pronto vemos pequeños paquetes de entre 20 y 30 segundos de información y luego, a la pregunta expresa, solo nos acordamos de entre tres y cuatro marcas. Pero si las empresas invierten, probablemente será porque sí produce resultados recetarle al público televidente una serie de informaciones todas juntas y en tales presentaciones, de lo contrario, dudo mucho que la necedad se impusiera en sostener semejantes gastos si se consideraran inútiles.

Pues bien, detecto un mecanismo similar cuando se trata de noticias de carácter policiaco-delincuencial: se ofrecen de forma casi instantánea, en análogos fragmentos como los anuncios televisivos, duran alrededor de un minuto, su cobertura es repetitiva prolongándose hasta semanas, dependiendo del nivel de audiencia que logren captar los medios que las transmiten.

Ante el panorama anterior, vuelvo a preguntar ¿estamos preparados para este tipo de cobertura noticiosa?

De una vez, me atrevo a responder: no, no estamos preparados, por las siguientes razones.

1- La información policiaca-delincuencial es demasiado rápida como para prestarle la atención debida. Solo se la concedemos a aquella que se constituye fuera de la cotidianeidad ya sea porque su contenido en sí mismo afecta nuestra emotividad, o porque está relacionado con nuestras circunstancias netamente personales, es decir, con nuestro estilo y rutina de vida como, por ejemplo, cuando hablamos de un robo al banco de nuestra preferencia.

2- A parte de la rapidez de la información policiaca-delincuencial, otro factor que incide en la falta de atención que se merece es la ausencia de estructuras cognitivas o metódicas que nos permitan allegarnos a este tipo de noticias y valorarlas en su justa proporción. Este aspecto implica la diferenciación de dos polos: el objetivo de la información en comento y el subjetivo, tal y como este punto lo enuncia brevemente.

No quiero pasar por alto que no solo la rapidez, como elemento objetivo de la información a la que se adhiere el consumidor de contenidos, es el único elemento que impide la atención debida a la nota policiaca, sino la forma en la que se ofrece como son, por ejemplo, los efectos de sonido, la edición de la nota, los comentarios de los periodistas, etc., detalles que se pueden analizar por separado si se quiere, pero sirven solo para ilustrar la posible complejidad a la que propende un análisis básico como el que estoy haciendo.

3- A parte de los criterios objetivo-subjetivo relacionados con la aprehensión de las notas policiacas directamente ofrecidas en las secciones idóneas de los medios de comunicación, existen otros actores que llaman la atención por sus obras o “creaciones” que simplifican, analizan o sintetizan ciertos aspectos de la realidad relacionada con la seguridad de las personas, refiriéndome a dos actores concretos: los historiadores o compiladores de información académica y los cineastas, de quienes voy a hacer ciertas observaciones:

a) A los historiadores genéricos. Sigue siendo una constante presentar los libros de Historia General (Historia de México, en particular) en el nivel medio superior como un conjunto de datos reunidos con cierta intencionalidad política de justificación, no solo la que obviamente resalta como lo es presentar de forma marcada a ciertos personajes históricos, las fechas sobresalientes, etc., sino el planteamiento de la Historia como un recurso de significación del horizonte de una aparente ciudadanización del destinatario para que acepte, así sin más, un discurso dirigido por el propio gobierno.

No quiero sonar como si creyera en teorías conspiratorias, pero esta es mi percepción: Se presenta la Historia como un conjunto de acontecimientos desde el pasado al presente, sin darle un significado a éste a partir de aquél, a pesar de que en cualquier introducción básica a esta disciplina se dice lo contrario. La Historia debería de ayudar a comprender al ciudadano que así lo necesite, sobre todo por su propia integridad intelectual, el presente y su posible actuar sobre el provenir, a través del presente mismo y no de un pasado que se visualiza como posible en una planeación curricular general de una asignatura o de un planeamiento de enseñanza-aprendizaje. El que presenta la Historia es quien está frente a un grupo de clase, es a quienes me refiero, son los que pueden hacer la Historia como una narración que tiene un significado, aptitud superior en este sentido a quien simplemente escribió un libro y no es capaz de transmitirlo a un conglomerado ya sea por imposibilidad material porque no es docente o por otras cuestiones.

Es raro encontrar que a través del estudio de la Historia alguien de nivel medio superior, por poner un ejemplo, pueda entender las implicaciones actuales que todavía se vienen arrastrando de la polarización que dejó la Guerra Fría aplicándola al contexto actual de la “guerra comercial entre Estados Unidos y China”. Esto revela una falta de conciencia de la Historia como tal misma que implica a un sujeto, a un yo y a un tú concretos y que se preocupan por los acontecimientos que les pueden no solo afectar en su esfera netamente personal, sino que son capaces de comprender los contenidos por vía de la empatía con los demás, reforzándose los vínculos sociales.

Lo que aquí he mencionado como “noticias policiacas” se torna como “noticias históricas” cuando son abarcadas en el pretérito, pero lo que tienen en común es que, aún y cuando hayan sido dadas antes de la vida de quien las estudiare no dejan de entrar en la categoría de “noticias” de información relevante para el presente. De tomarse en cuenta la Historia con las prevenciones que someramente he anunciado, los acontecimientos vistos en ella valdrán como antecedente y sustento de una auténtica actitud de prevención ante posibles conflictos que muestren cierta analogía y que puedan ser prevenibles o, de plano, afrontables en el horizonte actual de significatividad de quien no es un sujetado por el discurso mediado del profesor, historiador o del gobierno en última instancia, sino de quien es sujeto porque se posee a sí mismo a través no solo de la misma Historia sino también de las demás disciplinas.

La posesión de sí involucra un previo cuestionamiento, tarea que aquí no desarrollaré ya que es eminentemente filosófico-subjetiva, pero solo diré que se ejerce de forma similar a la frase de Sartre y que está implicada en el pensamiento de Heidegger: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Yo y usted, tenemos que habérnoslas no solo con nosotros mismos sino con el resto de quienes están próximos. No podemos desentendernos de los acontecimientos que afectan no solo nuestra seguridad personal (noticias policiacas) amenazando con privarnos de la vida, la salud, la propiedad y la seguridad en sentido estricto, sino de quienes están a nuestro alrededor. Esta ocupación intelectual es un claro indicio de una ciudadanización a la que se le debe, como función principal, la existencia del área de las Ciencias Sociales en el nivel-medio superior (bachillerato) tarea que les incumbe a todas y no solo a la ciencia que es objeto de este apartado.

Como sujetos me enfoco en los jóvenes que tienen alrededor de 16 y 20 años, porque considero que es la edad adecuada para tratar de enfrentarse a la realidad tal cual se muestra, con todos los matices que ofrece y que permiten tomar conciencia de sí y del mundo como una totalidad integrante e inacabable de significación.

En Historia se ven acontecimientos de índole internacional como, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Caída del Muro de Berlín, entre otros, así como en el contexto mexicano se pueden ver hechos como la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera, el Movimiento Estudiantil del 68, etc. De estos tomados solo como ejemplo es posible cuestionar su significado, donde la respuesta no es esperanzadora, sin estar limitándose a nombres, fechas y lugares que parecen no tener otra interpretación más que la dada por el profesor en turno, por el programa o documental de televisión que, por causalidad, es visto ahora en redes sociales.

A la pregunta ¿Crees que es factible la existencia de una nueva versión del nazismo en pleno siglo XXI? No obtengo respuestas con, por lo menos, un nivel básico de argumentación. El estudiante no relaciona al nazismo con una noticia policiaca actual en el sentido de generarse una auténtica actitud de preocupación por el presente ante la mínima, sí, mínima posibilidad de que exista una ideología que se ocupe de sí mismo cosificándolo, pero haciendo uso de formas y técnicas propias del presente.

Las noticias policiacas son vistas en las actualidad como si fueran artículos de entretenimiento o, como decía al principio, anuncios publicitarios, pasándose de una nota a otra con el mayor descaro posible, como cuando se habla de 15 muertos en un tiroteo en “x” o de la gestión de “z” presidente municipal en la coordinación de la compra de chalecos para los policías justo antes de la sección de espectáculos o de los deportes, generando la falsa creencia de que no es necesario tener las herramientas cognitivas suficientes como para interpretar una realidad que nos va  nosotros mismos porque se cree que es ajena por la forma en la que es tratada por los mismos medios.

Lo que hizo Hitler, Stalin, Mussolini, etc., con sus respectivos países y cuyas afectaciones fueron más allá de los mismos, no son meras notas informativas de un pretérito que ya no nos concierne en nuestro horizonte de significatividad existencial, sino al revés, son noticias policiacas que, aunque se hayan tornado históricas por la distinción obvia entre lo que ocurre en vida y lo que ocurrió antes de nacer, son factibles de considerar en su carácter de peso existencial como “noticias”, como información importante en la vida de cada cual y que exige por sí una toma de postura personal y comunitaria.

No estoy hablando de tener una preocupación constante que raye en la obsesión que imposibilite la funcionalidad “normal” de un sujeto histórico, no, nada de eso. Jamás recomendaré pensar en las consecuencias de la Guerra Fría en la actualidad justo en el momento en que alguno de nosotros esté en el parque con su propia familia, esto sería un absurdo que aclaro por si las dudas.

La forma en la que tomamos históricamente las notas policiacas pretéritas nos puede hacer vulnerables a ideologías que afecten a nuestras democracias en Occidente. Las noticias policiacas en el presente nos pueden permitir salvar la salud o la vida de nosotros y de los nuestros en el corto y mediano plazos haciendo simplemente uso de nuestro sentido común. Pero las noticias policiacas que no se toman por tales porque son “pretéritas” y han sido dadas como reflejo de acontecimientos que sucedieron “antes de que yo naciera”, son vitales no en el sentido de conservar nuestra integridad corporal, pero sí en el de mantener un sistema democrático que se está tornando en la esfera individual con requerimientos mínimos de conservación, es decir, estamos volviendo a requerir de la defensa de principios que solo son observables por amenaza policiaca, tales como el derecho a la propiedad privada, la seguridad general tanto jurídica como personal, la igualdad ante la ley, etc., donde la única forma de plantear la revitalización de la conciencia perdida es haciendo notar que el dato histórico es una noticia -actual- policiaca que influye en el presente del sujeto.

A pesar de los esfuerzos que se pueden implementar para hacer conciencia de sí con las noticias policiacas a través de la Historia, existe todo un sistema cultural que refleja además de maniqueísmo en la forma de contar los acontecimientos, cierta dejadez intelectual para ya no “forzar” al pensamiento del consumidor para motivar la conciencia de sí y del mundo, me refiero al cine y sus productores en concreto, aunque tal estado de cosas es atribuible a otras manifestaciones “artísticas”.

2- El cine. Esta industria tiene mucho mérito desde varios puntos de vista, lo cual no es como para poner en duda, pero no por ello mostraré solo la cara amable de su contribución. Es verdad que el cine a abonado a aumentar la conciencia social sobre temas de relevancia general, es decir, ha hecho que a través de contar una historia varias personas se relacionen con ésta como primera referencia, por ejemplo, la situación de pobreza en la que llegaron a vivir ciertos pueblos europeos se hace consciente al momento de ver una película como la de “Los Miserables”, en la que un espectador posiblemente haya con ésta tenido el primer contacto cultural con la información sintética presentada en dicha película.

Independientemente de los aportes positivos que, reitero, tiene el cine por sí y en función de una creciente concienciación social de la problemática actual, también debe considerarse que tiene un aspecto negativo análogo al comentado a propósito de la interpretación de los hechos de la Historia por los historiadores o, más aún, por los docentes que participan en tal labor de intermediación condicionando un horizonte de comprensión en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El cine es la forma “artística” de presentar un contenido a un tipo de público que tiene ciertas características previas y que sirven de sostén al mismo. La parte “artística” tiene dos vías de legitimidad: la interna y la externa. La primera se hace consistir en la utilización de ciertos parámetros privativos de quienes están en el medio del llamado “séptimo arte”. Se legitiman acudiendo a estándares de quienes ya dominan un contenido clasificado por ellos mismos como tal. Sus propias reglas y sus estándares, sus estándares y sus propias reglas. Es difícil ponerse de acuerdo con un “artista” sobre el origen o la manera de la obra, porque no hay solicitud de consenso con quien esté fuera del rango de su círculo, su legitimidad deriva de él mismo y de quienes están en el medio. Parece que nadie puede trastocar esta pared.

El criterio de legitimidad externo, en cambio, es evaluable tanto por quienes son del medio de espectáculo como por los clientes, productores, ejecutivos socios de empresa, medios de comunicación, el mismo gobierno que subvenciona o les permite las deducciones o elusión fiscal. Aquí es donde van a encuadrar mis observaciones que, en última instancia, darán la razón al título de este mini ensayo.

Antes de seguir con el contenido relativo al cine, haré una recapitulación que añadirá los distintos niveles de apreciación de las noticias policiacas.

Las noticias policiacas las dividimos en dos: las presentes y las pretéritas. Las primeras son divulgadas por los medios de comunicación poniéndoles expresamente la forma de “noticia”. Tienen interés para el destinatario siempre y cuando le afecte como persona individual. Las notas pretéritas contenidas en los libros de Historia se convierten en “noticia” porque han sido consideradas importantes por quienes se imponen de ellas, por el hecho de haberlas leído y pensado consecuentemente, tienen el título de policiacas porque le reportan información sobre cuestiones relacionadas con la seguridad, la propiedad, la vida, la salud, etc.

Las noticias policiacas pretéritas, conocidas como datos históricos simples como nombres, fechas y lugares por quienes no las relacionan con su propia conciencia de sí, impactan de forma individual cuando al ser tomadas de “notas” a “noticias” involucran un proceso de pensamiento que progresa desde la óptica individual con cuestiones como ¿y si volviera a pasar? ¿será posible que esto, o aquello, pueda volver a ocurrir? a la óptica social cuyo horizonte se empieza a vislumbrar con la actitud de apertura, la cual es posible por un ejercicio en su inicio individual y activo como la actitud de empatía para con la situación de los demás previendo la posibilidad de la pérdida de un bien que es puesto en el devenir de la conciencia individual inicial y que se traduce como la posibilidad de perder para sí y para los demás que se convierten en un “tú” y un “nosotros”, por ejemplo, los derechos de propiedad, de libertad, de salud, de vivir, etc., que importa cualquier noticia de tipo policiaco actual. Es decir, las noticias policiacas históricas, gracias a la labor del pensamiento que se trata de expandir en su significatividad, se tornan como noticia policiaca actual cuando se prevé como posible algo que se está estudiando en un libro de Historia o que el docente le está mostrando en su interpretación de sí con el dato como una posibilidad real de actualización de una problemática someramente descrita.

Ejemplo de este proceso: supongamos que vemos en un libro por sí o en una clase con “x” docente, el tema de la Segunda Guerra Mundial en la faceta de las ideologías totalitarias. El estudiante o lector puede sentir el dato como una nota de menor valía que otras materias que solo ven potencialmente sus efectos como, por ejemplo, las matemáticas. Este nivel es insalvable si la curiosidad y el impacto de la realidad como posibilidad no se hace presente.

Otro nivel se presenta cuando un lector de la Segunda Guerra Mundial ve que las ideologías totalitarias tienen un qué y un para qué, pero no muestra inquietud alguna más allá de la curiosidad por saber detalles que solo revelan una especie de morbosidad, tratando los datos con aparente interés objetivo cuando, en realidad, los observa como si fuere un programa común de televisión, a lo más que un documental que le revela como más informado o, peor aún, más inteligente. Es el tipo de personas que saben más de Hitler por un bajo interés que les despierta el saberse conocedores de más detalles que el resto, solo para tener algún pretexto de comunicación.

El nivel que considero mínimo es cuando se da preocupación por las notas, convirtiéndose en noticias policiacas, así se desprende la cuestión ¿Será posible que la ideología que llevó a Hitler al poder, junto con su partido, pueda volver a surgir en Alemania actualmente? Esta pregunta ya encierra un sentido, una significatividad que le va a alguien que tiene una conciencia de sí y del mundo como posibilidad. Puede suceder que la inquietud manifestada en la interrogante planteada quede, por decirlo de algún modo, sepultada por la inercia de la rutina escolar, en el caso de un estudiante, social o cultural del ambiente en cuestión en caso de no ser discente, pero es latente la vuelta a la interrogante que, al interiorizarse no como simple posibilidad sino como posibilidad real daría paso, en continuidad, a la siguiente etapa.

La ignominia. En este nivel la interrogante por la posibilidad de un acontecimiento que se considera como noticia policiaca actual cuando, en realidad, se trataba de una noticia pretérita, su pone con la puesta en marcha de una duda no mediada por la rutina que la puede interrumpir, sino por la incertidumbre sobre sí y el mundo como posibilidad real de morir. Es el nivel en el que la propia muerte se vislumbra como posibilidad real, al estilo de Heidegger, es la “última posibilidad de la imposibilidad” pero se da en dos facetas mutuas, es decir, en dos planos distintos pero complementarios, trátese del individual y el social. La posibilidad de morir de un yo que se cuestiona también es la interrogante por tal posibilidad en otro que acompaña, que vive-con. El nivel de ignominia aparece como una posibilidad en la interrogante, pero cuya actitud refleja incredulidad, extrañeza motivadas por la incertidumbre que reporta no solo una posibilidad como tal, sino una real posibilidad. Así, con el mismo tópico que en los demás niveles, la pregunta se replantea ¿Será posible que la ideología que llevó a Hitler al poder pueda volver a ser factible en las condiciones actuales? La respuesta a la duda planteada es un sí con todo su drama, es la posibilidad por la pérdida la que formula la pregunta y bajo la cual no se quiere contestar. Es la pérdida de la vida en sí misma lo que se ha puesto en duda, también lo es de la propiedad, la salud, la libertad, la pérdida de la esperanza de ser distinto sin coacciones u autoritarismos que, ahora, otros creen que no volverán.

Este nivel de incertidumbre, de dubitación ante la noticia policiaca formulada como interrogante, alcanza el grado de ignominia cuando al formularse al mismo tiempo no cree que pueda ser posible, en términos análogos “pero… ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI existan personas que crean que Hitler y su ideología tengan la justificación necesaria para combatir los problemas de migración por los que está atravesando la mayor parte de la Unión Europea? ¿Cómo es posible que una de las posibles soluciones sea una ideología totalitaria pero actualizada al panorama contemporáneo? La ignominia se hace presente como incredulidad, una especie de pena por pensar en la posibilidad de que la pregunta tenga respuesta afirmativa. Este es el nivel de conciencia al que debe de aspirar la Historia como tal, si acaso uno de sus objetivos sea una real ciudadanización, una toma de conciencia del verdadero progreso porque, a estas alturas, la verdadera ignominia sería permitir que aquellos acontecimientos ideológicos que hoy día se tienen por superados regresaren, ahora con nuevos bríos como si no hubiésemos aprendido de la Historia como la auténtica maestra de nuestra vida.

La ignominia como sentir la vergüenza por la posibilidad fáctica de que vuelvan a presentarse las noticias policiacas pretéritas que, se supone, ya fueron resueltas por generaciones de políticos, economistas, soldados, científicos, etc., de quienes se puede dar cuenta de su aporte a través de sus testimonios y de los de la Historia como recopiladora, es conducida por un estado de presencia constante de la situación dada que nos rodea. Esta situación dada de antemano, lo Uno en Heidegger, es de suyo continuo y constituye el mundo tal cual es y al que está llamado a cuidarse quien vive en su ahí, siguiendo a tal filósofo haciendo, de nuevo, sepultar a la ignominia a través de diversos recursos de que se vale lo que nosotros podemos llamar “cultura”. La ignominia deja de ser cuando se impone el discurso que maneja la incertidumbre volviendo la posibilidad una probabilidad calculable, volviendo la incertidumbre como tal en un conocimiento o experiencia vital que se pueda contar a través de diversas técnicas expresivas que dirigen la conciencia individual para poderla situar en un estado de continuidad ante un mundo que lo único que pide es no perder la funcionalidad vendiendo una versión controlada del futuro a través de la pseudo- ecología. El estado de continuidad no se deshace de la incertidumbre, al contrario, tiene todo un sistema para encauzarla dándole a cada uno de sus destinatarios una mezcla entre esperanza y temor a través de la causa por la “madre tierra” alentada por una nueva forma de “paganismo” anclado a la conciencia ecológica misma que parece ser, por lo menos en la generación actual de jóvenes, el único motivo para vivir y sentirse socialmente útiles.

La ignominia, para serlo, no puede quedar al arbitrio de alguien que tenga autoridad cultural para interpretar la experiencia de la posible vaciedad de la esperanza, de la pérdida total, lo que provocaría, eso sí, es esperanza hueca y el encauzamiento de la conciencia de la posibilidad del mal dándola como objeto de consumo. Entonces, la ignominia debe de aparecer con más fuerza, teniéndose que cuestionar al presente mismo como tal y tomando como herramienta el pasado como posibilidad real de que éste vuelva, pero peor que antes. ¿En dónde vuelve a radicar la ignominia? En la vergüenza personal y, por empatía, social de saberse conocedores de una noticia policiaca histórica planteándose la posibilidad no solo de que vuelva a ocurrir con los artificios contemporáneos sino de que se haya previsto tal posibilidad, aun sabiendo que se tenían los medios para evitarlo, es una infamia doble, la vergüenza por saber el pretérito y la vergüenza porque, sabiéndolo, a pesar de eso no se hizo nada para evitarlo.

Aquí la Historia se vuelve un asunto personal y empieza a relacionarse con las demás ciencias no como requisito de inter y transdisciplinariedad sino por motivos de sobrevivencia de adaptación y posible manejo de la incertidumbre individual, como un ahí que nos va a nosotros mismos junto con un tú que nos implica como personas mutuas, lo que Heidegger menciona en Ser y Tiempo con las distinciones de ser-con y ser-para en última instancia.

Aún y lo anterior, alguien puede preguntar ¿qué tiene que ver el cine en todo esto?

Mañana, la segunda parte.

Gracias por leer.